El entorno de la nueva tierra

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1. Introducción

La escatología bíblica enseña que el destino de la humanidad redimida no es una existencia inmaterial en un “cielo” vago, sino una vida encarnada en una nueva tierra bajo un nuevo cielo. La visión culminante de Apocalipsis 21–22 describe el entorno de esta creación renovada: su estructura física, su atmósfera, su luz, su ecología y su ciudad central, la Nueva Jerusalén.

Este artículo se enfoca exclusivamente en el entorno de la nueva tierra—cómo es como lugar—y cómo se relaciona con el nuevo cielo en el estado eterno.


2. El Nuevo Cielo y la Nueva Tierra como un Cosmos Renovado

2.1 Un nuevo orden creado

Juan escribe:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron…”
Apocalipsis 21:1

Este “cielo nuevo y tierra nueva” (cf. Isaías 65:17; 66:22; 2 Pedro 3:13) denota un orden creado renovado, distinto del cosmos caído actual. Pedro habla de los cielos y la tierra actuales siendo destruidos por fuego, de modo que “los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán” (2 Pedro 3:12). Ya sea que se enfatice una re‑creación total o una transformación radical, el resultado es un entorno cualitativamente distinto:

  • El antiguo orden “pasa” (Ap 21:1,4)
  • El nuevo orden se caracteriza como aquel “en el cual mora la justicia” (2 P 3:13)

El término “cielo” en Apocalipsis 21:1 se refiere a los cielos cósmicos—el firmamento y el espacio estrellado sobre la tierra—no a la morada de Dios. La visión describe un nuevo entorno espacial sobre y alrededor de una tierra renovada, formando un universo unificado y armonioso.

2.2 Un mundo sin mar

Infografía que compara el cosmos actual con el nuevo cielo y la nueva tierra en la profecía bíblica.
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Infografía que compara el cosmos actual con el nuevo cielo y la nueva tierra en la profecía bíblica.
Infografía amplia que muestra una línea de tiempo profética desde el presente cielo y tierra caídos hasta el fuego del juicio y el nuevo cielo y nueva tierra, destacando textos bíblicos clave y cambios ambientales.

Inmediatamente aparece una afirmación geofísica sorprendente:

“y el mar ya no existía más.”
Apocalipsis 21:1

La ausencia del mar marca una diferencia ambiental fundamental respecto a la tierra actual, que está mayormente cubierta de océanos.

Esto probablemente indica:

  • No habrá océanos vastos y separadores que dominen la superficie
  • No habrá aguas caóticas y peligrosas (en la imagen bíblica, el mar con frecuencia simboliza amenaza, inestabilidad y división)

La nueva tierra se presenta, por lo tanto, como un entorno terrestre plenamente habitable y unificado, sin enormes barreras marinas que dividan pueblos y territorios.


3. La atmósfera y la luz de la Nueva Tierra

3.1 El fin de la noche y de las tinieblas

En el estado eterno, las tinieblas y la noche son desterradas permanentemente:

“Y sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.”
Apocalipsis 21:25; cf. 22:5

El entorno de la nueva tierra está perpetuamente iluminado. La noche, con sus asociaciones de peligro, temor y limitación, es eliminada por completo de la experiencia humana. Esto no niega la existencia del tiempo (hay “meses” en Ap 22:2), pero sí elimina el ciclo de oscuridad tal como lo conocemos.

3.2 Sin necesidad de sol ni de luna

Juan añade:

“La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.”
Apocalipsis 21:23

Esto no niega necesariamente la existencia de cuerpos celestes en el nuevo cielo, sino que declara que la fuente funcional primaria de luz y gloria es Dios mismo:

  • La gloria de Dios es el entorno luminoso que lo llena todo
  • El Cordero (Cristo) es la lámpara: Él media y manifiesta esa gloria

Así, la atmósfera de la nueva tierra está saturada de resplandor divino, perfectamente claro y sin obstrucciones. El énfasis repetido en la transparencia (oro “como vidrio limpio”, jaspe “transparente como el cristal”, Ap 21:11,18,21) subraya que todo el entorno está diseñado para transmitir la luz de Dios sin impedimento.

3.3 Un mundo sin maldición

El entorno espiritual y el físico están inseparablemente vinculados:

“Y no habrá más maldición.”
Apocalipsis 22:3

La maldición pronunciada en Génesis 3 afectó la tierra, el entorno y todo el orden creado. En la nueva tierra:

  • No hay decadencia
  • No hay futilidad ni frustración en la naturaleza
  • No hay ecosistemas desordenados ni creación hostil

La abolición de la maldición implica un entorno perfectamente ordenado, sustentador de la vida y armonioso, plenamente alineado con el propósito de Dios.


4. La Nueva Jerusalén: capital de la Nueva Tierra

4.1 Descenso del cielo a la tierra

El rasgo central del entorno de la nueva tierra es la Nueva Jerusalén:

“Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios…”
Apocalipsis 21:2; cf. 21:10

No se trata de un mero símbolo de los redimidos; se describe repetidamente como una ciudad con dimensiones medibles, muros, puertas, cimientos, calles y estructuras internas (Ap 21:10–21). Desciende del cielo actual (la morada de Dios) a la nueva tierra, y se convierte en:

  • La ciudad capital de la nueva creación
  • El centro de la presencia manifiesta de Dios en el estado eterno

Cielo y tierra quedan así unidos: el trono y la morada de Dios descienden a la nueva tierra, en lugar de que la humanidad redimida permanezca en un ámbito distante.

4.2 Dimensiones y forma

Las dimensiones de la ciudad son impresionantes:

“La ciudad se halla establecida en cuadro, y su longitud es igual a su anchura… su longitud, su altura y su anchura son iguales… doce mil estadios.”
Apocalipsis 21:16

Doce mil estadios equivalen aproximadamente a 2,200–2,400 km en cada dirección. La ciudad, entonces, es:

  • Inmensa en superficie (más de 5 millones de km²)
  • Inmensa en dimensión vertical (un cubo perfecto o posiblemente una forma piramidal)

Esta extensión tridimensional implica:

  • Un entorno plenamente tridimensional y multinivel, no una ciudad plana en un solo nivel
  • Capacidad masiva para habitantes, estructuras y actividades

La forma—con todos los lados iguales—evoca el Lugar Santísimo cúbico del templo del Antiguo Testamento (1 Reyes 6:20), lo que simboliza que toda la ciudad es un entorno‑santuario donde Dios habita abiertamente con su pueblo.

4.3 Materiales y transparencia

La estética ambiental de la Nueva Jerusalén se caracteriza por la pureza, el resplandor y la transparencia:

  • Muro: “edificado de jaspe” (Ap 21:18)
  • Ciudad: “oro puro, semejante al vidrio limpio” (21:18)
  • Calle: “oro puro, transparente como vidrio” (21:21)
  • Cimientos: adornados con doce piedras preciosas de variados colores (21:19–20)
  • Puertas: cada una hecha de una sola perla (21:21)

Esta descripción resalta:

  • Un entorno visualmente impresionante: estructuras cristalinas multicolores que reflejan la luz divina
  • Una arquitectura que maximiza la transmisión de luz: la transparencia permite que la gloria de Dios impregne la ciudad desde todos los ángulos
  • Una construcción permanente e incorruptible: sin decadencia, erosión ni fallas estructurales

Así, la Nueva Jerusalén configura el entorno urbano de la nueva tierra como una mega‑ciudad santuario de luz, diseñada explícitamente para exhibir y transmitir la gloria de Dios.


5. La ecología de la Nueva Tierra: río y Árbol de la Vida

5.1 El río del agua de la vida

En el corazón del entorno de la Nueva Jerusalén hay un río:

“Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad…”
Apocalipsis 22:1–2

Rasgos ambientales clave:

  • Fuente: el trono de Dios y del Cordero—la vida fluye de la presencia gobernante de Dios
  • Claridad: “resplandeciente como cristal”—pureza absoluta, sin contaminación ni turbidez
  • Recorrido: “en medio de la calle de la ciudad”—integrado en el mismo diseño urbano

Este río es literal y simbólico: un cauce de agua tangible que también significa el fluir perpetuo de vida, refrigerio y bendición a lo largo de la nueva tierra. Es el elemento hidrológico central de la Nueva Jerusalén y, por extensión, de la nueva tierra.

5.2 El Árbol de la Vida y la fecundidad perpetua

Juan continúa:

“A uno y otro lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto.”
Apocalipsis 22:2

El Árbol de la Vida, vedado a la humanidad después de la Caída (Gn 3:22–24), reaparece como un centro ecológico restaurado:

  • Ubicado “a uno y otro lado del río”: puede aludir a un árbol inmenso que abarca el río, o a un bosque de tales árboles
  • Produce “doce frutos”: diversidad y riqueza extraordinarias
  • Da su fruto “cada mes”: productividad continua y rítmica

Esto presenta un entorno de abundancia eterna, donde:

  • Alimento y deleite son sobreabundantes y variados
  • El tiempo existe en un ciclo perfeccionado (la mención de “mes” supone marcadores temporales continuos)

De las hojas del árbol se dice que son:

“para la sanidad de las naciones.”
Apocalipsis 22:2

Dado que Apocalipsis 21:4 excluye enfermedad, muerte y dolor, “sanidad” aquí (del griego therapeía) se entiende mejor como lo que sostiene la salud y potencia la vida, no como algo que cura enfermedades existentes. El cuadro ecológico, entonces, es el de:

  • Una biosfera sustentadora de la vida, sin decadencia ni enfermedad
  • La humanidad y las naciones continuamente nutridas por la provisión de Dios a través del entorno creado

6. Estructura social y espacial de la Nueva Tierra

6.1 Naciones y reyes en un entorno transformado

La nueva tierra no es un ámbito abstracto e indiferenciado. Juan señala:

“Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.”
Apocalipsis 21:24; cf. 21:26

En términos ambientales, esto implica:

  • Las naciones siguen existiendo como entidades corporativas reconocibles
  • Hay diversidad geográfica y cultural en la nueva tierra
  • Estas naciones entran y salen de la Nueva Jerusalén, trayendo su excelencia (“gloria y honor”) a la ciudad

Por lo tanto, más allá de la ciudad existe un entorno planetario más amplio:

  • Poblado, organizado y activo
  • Perfectamente integrado con la Nueva Jerusalén como centro espiritual y político

6.2 Puertas abiertas y seguridad total

Se nos dice:

“Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche.”
Apocalipsis 21:25

Implicaciones en términos de entorno y seguridad:

  • No hay amenazas externas: no hay enemigos, depredadores ni peligro
  • No se requiere infraestructura defensiva: las puertas nunca se cierran; los ángeles están presentes no como guardianes frente a riesgos, sino como servidores de la gloria
  • Movimiento irrestricto: el flujo entre la ciudad y la tierra en general es permanente y sin obstáculos

El entorno socio‑espacial de la nueva tierra es, por tanto, uno de seguridad absoluta, apertura y libre acceso, en contraste con el mundo actual de cerraduras, muros y fronteras.


7. La relación entre el Nuevo Cielo y la Nueva Tierra

7.1 Unión espacial de los ámbitos

Diagrama que muestra la unión del cielo, la nueva tierra y la Nueva Jerusalén con el trono de Dios en el centro.
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Diagrama que muestra la unión del cielo, la nueva tierra y la Nueva Jerusalén con el trono de Dios en el centro.
Infografía en capas que ilustra cómo la Nueva Jerusalén desciende del cielo a la nueva tierra, mostrando el trono de Dios, el río de la vida y el nuevo cielo y nueva tierra integrados de Apocalipsis 21-22.

En el estado eterno, la distinción entre “cielo” y “tierra” se transforma. Juan oye:

“He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.”
Apocalipsis 21:3

La Nueva Jerusalén desciende “del cielo, de Dios” (21:2,10) y se establece en relación con la nueva tierra como su capital. Esto significa:

  • El actual “tercer cielo”, la morada de Dios, se intersecta permanentemente con la nueva tierra
  • El trono de Dios se localiza ahora en la ciudad sobre la nueva tierra (Ap 22:1,3)
  • El “cielo nuevo” (el entorno cósmico superior) y la “tierra nueva” forman un único escenario integrado de la presencia de Dios

7.2 El trono de Dios y el centro ambiental

En el núcleo de este cosmos unificado se encuentra:

“el trono de Dios y del Cordero… en ella estará el trono de Dios y del Cordero.”
Apocalipsis 22:3

Desde ese trono:

  • Fluye el río de la vida (bendición ambiental)
  • Brota la luz (iluminación del entorno)
  • Se ejerce el gobierno (“reinarán por los siglos de los siglos”, Ap 22:5)

El entorno de la nueva tierra no es autónomo; está estructurado, sostenido y saturado por la presencia inmediata y el gobierno de Dios en Cristo.


8. Conclusión

El entorno de la nueva tierra, tal como se presenta en Apocalipsis 21–22, es una creación real, física y ordenada, radicalmente distinta del mundo actual:

  • No hay mar que domine la superficie
  • No hay noche, tinieblas ni maldición
  • Un cosmos iluminado por la gloria de Dios y del Cordero
  • Una ciudad capital colosal y resplandeciente—la Nueva Jerusalén—que desciende del cielo
  • Una ecología interior con un río cristalino y el Árbol de la Vida, que simboliza vida y abundancia sin fin
  • Naciones y reyes habitando una sociedad planetaria segura, abierta y armoniosa
  • El trono y la morada de Dios establecidos permanentemente con la humanidad

En el estado eterno, cielo y tierra se unen: la morada de Dios se convierte en el entorno del ser humano, y el entorno del ser humano queda perfectamente dispuesto para exhibir la gloria de Dios. La nueva tierra es, en todo sentido, la consumación de la creación: un mundo completamente lleno de luz, vida y justicia.


Preguntas frecuentes (FAQ)

P: ¿La nueva tierra será un lugar físico o puramente espiritual?

La nueva tierra será un entorno real y físico. Apocalipsis describe distancias medibles, muros, cimientos, puertas, un río y árboles (Ap 21–22). Los creyentes resucitan con cuerpos glorificados, aptos para habitar esta creación renovada. El entorno es transformado y perfeccionado, pero sigue siendo verdaderamente material y espacial.

P: ¿Qué significa que en la nueva tierra “ya no habrá mar”?

Apocalipsis 21:1 declara que “el mar ya no existía más”, lo cual indica que los océanos vastos, tal como los conocemos, estarán ausentes. Esto apunta probablemente, a la vez, a un cambio geofísico (no habrá océanos globales dominando la superficie) y a la eliminación de lo que el mar suele simbolizar en la Escritura: caos, peligro y separación. La nueva tierra se presenta como un ámbito unificado y plenamente habitable, sin tales divisiones.

P: ¿Cómo se relaciona la Nueva Jerusalén con la nueva tierra?

La Nueva Jerusalén es una ciudad real que “desciende del cielo, de Dios” hacia la nueva tierra (Ap 21:2,10). Funciona como la capital de la nueva creación, donde se halla el trono de Dios y del Cordero. Mientras las naciones habitan la extensión de la nueva tierra, andan a la luz de la ciudad y llevan a ella su gloria (Ap 21:24–26), lo que muestra una relación continua entre la ciudad y el mundo circundante.

P: ¿Habrá tiempo en la nueva tierra?

Sí. El Árbol de la Vida “da su fruto cada mes” (Apocalipsis 22:2), lo cual implica una secuencia temporal continua. Lo que desaparece no es el tiempo mismo, sino la noche, la decadencia y la muerte. El tiempo en la nueva tierra será interminable e inalterable, marcando los ritmos de una vida sin fin, no la cercanía de la mortalidad.

P: ¿Por qué la Biblia dice que no hay necesidad de sol ni de luna en la Nueva Jerusalén?

Apocalipsis 21:23 explica que la ciudad “no tiene necesidad de sol ni de luna… porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Esto significa que la fuente primaria y suficiente de iluminación en la ciudad es la gloria revelada de Dios en Cristo. No se niega necesariamente la existencia de los cuerpos celestes, pero se afirma que, en el entorno central de la nueva tierra, el mismo resplandor de Dios cumple por completo la función de la luz.

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Preguntas Frecuentes

¿La nueva tierra será un lugar físico o puramente espiritual?
La nueva tierra será un **entorno real y físico**. Apocalipsis describe distancias medibles, muros, cimientos, puertas, un río y árboles (*Ap 21–22*). Los creyentes resucitan con cuerpos glorificados, aptos para habitar esta creación renovada. El entorno es transformado y perfeccionado, pero sigue siendo verdaderamente **material y espacial**.
¿Qué significa que en la nueva tierra “ya no habrá mar”?
*Apocalipsis 21:1* declara que “el mar ya no existía más”, lo cual indica que **los océanos vastos, tal como los conocemos, estarán ausentes**. Esto apunta probablemente, a la vez, a un **cambio geofísico** (no habrá océanos globales dominando la superficie) y a la eliminación de lo que el mar suele simbolizar en la Escritura: caos, peligro y separación. La nueva tierra se presenta como un **ámbito unificado y plenamente habitable**, sin tales divisiones.
¿Cómo se relaciona la Nueva Jerusalén con la nueva tierra?
La Nueva Jerusalén es una **ciudad real** que “desciende del cielo, de Dios” hacia la **nueva tierra** (*Ap 21:2,10*). Funciona como la **capital de la nueva creación**, donde se halla el trono de Dios y del Cordero. Mientras las naciones habitan la extensión de la nueva tierra, andan a la luz de la ciudad y llevan a ella su gloria (*Ap 21:24–26*), lo que muestra una relación continua entre la ciudad y el mundo circundante.
¿Habrá tiempo en la nueva tierra?
Sí. El Árbol de la Vida “da su fruto cada mes” (*Apocalipsis 22:2*), lo cual implica una **secuencia temporal** continua. Lo que desaparece no es el tiempo mismo, sino la **noche, la decadencia y la muerte**. El tiempo en la nueva tierra será **interminable e inalterable**, marcando los ritmos de una vida sin fin, no la cercanía de la mortalidad.
¿Por qué la Biblia dice que no hay necesidad de sol ni de luna en la Nueva Jerusalén?
*Apocalipsis 21:23* explica que la ciudad “no tiene necesidad de sol ni de luna… porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera”. Esto significa que la **fuente primaria y suficiente de iluminación** en la ciudad es la gloria revelada de Dios en Cristo. No se niega necesariamente la existencia de los cuerpos celestes, pero se afirma que, en el entorno central de la nueva tierra, **el mismo resplandor de Dios cumple por completo la función de la luz.**

L. A. C.

Teólogo especializado en escatología, comprometido a ayudar a los creyentes a comprender la Palabra profética de Dios.

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