¿Qué es el infierno?
1. Introducción
El infierno es una de las doctrinas más solemnes y debatidas de la teología cristiana. La pregunta “¿Qué es el infierno?” tiene profundas implicaciones para entender la justicia de Dios, el destino humano y la urgencia del mensaje del evangelio. A pesar de los intentos contemporáneos de suavizar, redefinir o negar esta doctrina, la Escritura presenta el infierno como una realidad aterradora: un lugar de castigo eterno y consciente para quienes rechazan la oferta de salvación de Dios por medio de Jesucristo.
La enseñanza bíblica sobre el infierno no es periférica ni oscura. El mismo Jesucristo habló más del infierno que del cielo, usando un lenguaje vívido e inequívoco para advertir a las personas de sus horrores. Los apóstoles continuaron esta enseñanza, y el libro de Apocalipsis ofrece las descripciones más detalladas acerca de la naturaleza eterna del infierno. Entender lo que la Biblia enseña sobre el infierno es esencial para captar la plenitud del carácter de Dios, la seriedad del pecado y la maravilla de la salvación.
2. Términos bíblicos para el infierno
La Escritura utiliza varios términos para describir el lugar del castigo eterno, y cada uno contribuye a nuestra comprensión de la naturaleza y características del infierno.
Seol y Hades
La palabra hebrea del Antiguo Testamento seol aparece 65 veces y puede significar “sepulcro” o referirse al lugar de los espíritus de los muertos. Los traductores de la Septuaginta generalmente vertieron seol como hades en griego. Aunque en algunos contextos estos términos significan simplemente “tumba”, con frecuencia apuntan a algo más allá del entierro físico: un lugar de existencia consciente después de la muerte.
El Salmo 9:17 declara:
“Los malos serán trasladados al Seol,
todas las gentes que se olvidan de Dios.”
— Salmo 9:17 (RVR1960)
El hombre rico de Lucas 16:23 se hallaba en el hades, “estando en tormentos”, lo cual demuestra que hades implica sufrimiento consciente, no mera inexistencia.
Gehenna
El término más importante del Nuevo Testamento para el infierno es gehenna (griego), usado doce veces, once de ellas por el mismo Jesús. Esta palabra proviene de “Ge-Hinnom” (Valle de Hinom), un barranco al sur de Jerusalén donde los antiguos israelitas cometieron la abominación de sacrificar niños a Moloc (2 Reyes 23:10; Jeremías 7:31). El rey Josías profanó posteriormente ese lugar, y llegó a ser el basurero de Jerusalén, donde ardían fuegos continuamente y los gusanos consumían los desechos.
Jesús utilizó intencionalmente esta imagen vívida:
“Mejor te es entrar en el reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”
— Marcos 9:47‑48 (RVR1960; cf. Isaías 66:24)
Su cita de Isaías 66:24 deja claro que gehenna no se refiere a un valle literal, sino al lugar de castigo eterno.
Tártaro y el Abismo
Segunda de Pedro 2:4 utiliza tártaro (la única vez que aparece en la Escritura) para describir el lugar donde Dios arrojó a ciertos ángeles pecadores, confinándolos “en prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (cf. 2 Pedro 2:4, RVR1960). Parece ser un lugar especial de encarcelamiento para algunos ángeles caídos que cometieron pecados particularmente graves.
El Abismo (griego: abyssos) aparece como una prisión para demonios (Lucas 8:31; Apocalipsis 9:1‑2) y como el lugar de confinamiento temporal de Satanás durante el Milenio (Apocalipsis 20:1‑3).
El lago de fuego
El lugar definitivo y permanente de castigo es llamado el lago de fuego. Este término aparece cinco veces en Apocalipsis (19:20; 20:10, 14‑15; 21:8). Actualmente nadie habita aún en el lago de fuego. La Bestia y el Falso Profeta serán sus primeros ocupantes (Apocalipsis 19:20), seguidos por Satanás después de su última rebelión (Apocalipsis 20:10), y finalmente todos aquellos cuyos nombres no estén escritos en el Libro de la Vida (Apocalipsis 20:15). El lago de fuego representa el estado final y eterno de castigo: lo que se llama “la muerte segunda”.
3. La naturaleza y características del infierno
La Escritura ofrece descripciones detalladas de las horribles características del infierno, dejando claro que es un lugar de sufrimiento inimaginable.
Fuego eterno e inextinguible
El infierno es descrito consistentemente como un lugar de fuego. Jesús advirtió acerca del “fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41) y del “horno de fuego” donde “será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:42). Habló de la gehenna “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:48).
Sea que este fuego sea literal o un símbolo de la ira de Dios, la realidad que describe es aterradora. La Escritura asocia repetidamente el fuego con el juicio divino:
“Porque nuestro Dios es fuego consumidor.”
— Hebreos 12:29 (RVR1960)
“¿Quién permanecerá delante de su ira? … su furor se derrama como fuego.”
— Nahúm 1:6 (RVR1960)
El lago de fuego es descrito como un lugar que “arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 19:20; 21:8).
Tormento consciente
El infierno implica plena conciencia y percepción del sufrimiento. El hombre rico en el hades estaba “en tormentos” (Lucas 16:23), podía hablar, recordar su vida pasada y sentir una agonía intensa. Clamó:
“Porque estoy atormentado en esta llama.”
— Lucas 16:24 (RVR1960)
Apocalipsis 14:10‑11 describe a quienes adoran a la Bestia:
“Será atormentado con fuego y azufre… Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. No tienen reposo ni de día ni de noche.”
— Apocalipsis 14:10‑11 (RVR1960)
No se trata de aniquilación ni de una existencia inconsciente, sino de sufrimiento eterno y consciente.
Tinieblas de afuera
Jesús describió repetidamente el infierno como “las tinieblas de afuera” (Mateo 8:12; 22:13; 25:30). Estas tinieblas representan la exclusión de la presencia de Dios, la fuente de toda luz. Segunda de Pedro 2:17 y Judas 13 hablan de “las tinieblas de afuera” o “las tinieblas eternas” reservadas para los impíos para siempre. Estas tinieblas coexisten con el fuego: ambos elementos, literales y simbólicos, describen el carácter multifacético del horror del infierno.
Lloro y crujir de dientes
Jesús usó esta expresión de forma reiterada (Mateo 8:12; 13:42, 50; 22:13; 24:51; 25:30). El lloro indica profunda tristeza, angustia y remordimiento. El crujir de dientes sugiere ira, frustración y enojo amargo: contra uno mismo, contra el pecado, contra Satanás, contra las oportunidades de salvación que fueron rechazadas.
Memoria y remordimiento
El infierno incluye el tormento de la memoria. Abraham le dijo al hombre rico:
“Acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida.”
— Lucas 16:25 (RVR1960)
Los que se encuentren en el infierno recordarán ocasiones específicas cuando escucharon el evangelio y lo rechazaron, cuando amigos o familiares les dieron testimonio, cuando el Espíritu Santo trajo convicción a sus corazones, pero se negaron a arrepentirse. Esa angustia mental se suma al sufrimiento físico.
Separación total de Dios
Segunda a los Tesalonicenses 1:9 describe el infierno como:
“Pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.”
— 2 Tesalonicenses 1:9 (RVR1960)
Aunque Dios es omnipresente, el infierno representa una exclusión absoluta de su misericordia, gracia y bendición. Como observó C. S. Lewis, el infierno es Dios diciéndoles finalmente a quienes lo rechazaron toda su vida: “Hágase tu voluntad”.
El gusano que no muere
Jesús citó Isaías 66:24, hablando de un lugar “donde el gusano de ellos no muere” (Marcos 9:48). Esto puede referirse a los continuos remordimientos de conciencia que recorren la mente sin cesar, o a la perpetua conciencia de los condenados que, como un gusano que no muere, continúan en su corrupción para siempre.
4. La duración del infierno: una realidad eterna
Tal vez ningún aspecto de la doctrina del infierno es tan cuestionado como su eternidad. Sin embargo, la Escritura no deja ambigüedad en este punto.
El significado de “eterno”
La palabra griega aiōnios (eterno, perdurable) se usa 71 veces en el Nuevo Testamento. Describe la naturaleza eterna de Dios (Romanos 16:26), la vida eterna de los creyentes (Juan 3:16) y el castigo eterno de los impíos (Mateo 25:46). Negar la eternidad del castigo mientras se afirma la eternidad de la vida para los creyentes es exegéticamente inconsistente: la misma palabra, en los mismos contextos, debe significar lo mismo.
Jesús lo expresó claramente:
“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”
— Mateo 25:46 (RVR1960)
El paralelismo es inconfundible: si la vida es eterna, también lo es el castigo.
Por los siglos de los siglos
Apocalipsis 14:11 describe el destino de los adoradores de la Bestia:
“El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche.”
— Apocalipsis 14:11 (RVR1960)
Apocalipsis 20:10 declara que el diablo, la bestia y el falso profeta:
“Serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos.”
— Apocalipsis 20:10 (RVR1960)
La frase “por los siglos de los siglos” (griego: eis tous aiōnas tōn aiōnōn) se usa para el trono eterno de Dios (Hebreos 1:8), la existencia eterna de Cristo (Apocalipsis 1:18) y el reinado eterno de los santos (Apocalipsis 22:5). Si estas realidades son verdaderamente eternas, también lo es el castigo de los impíos.
No hay segunda oportunidad después de la muerte
Hebreos 9:27 establece la finalidad de la muerte:
“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
— Hebreos 9:27 (RVR1960)
No hay purgatorio, ni segunda oportunidad, ni conversión después de la muerte. La historia del rico y Lázaro confirma esto:
“Entre nosotros y vosotros hay un gran abismo fijado, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.”
— Lucas 16:26 (RVR1960)
5. ¿Quién va al infierno?
La Escritura identifica con claridad a quienes sufrirán el castigo eterno.
Satanás y los ángeles caídos
El infierno fue originalmente “preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). No fue creado para la humanidad, sino para seres angélicos rebeldes que eligieron oponerse a Dios. Satanás, la Bestia y el Falso Profeta serán “atormentados día y noche por los siglos de los siglos” en el lago de fuego (Apocalipsis 20:10).
Algunos ángeles caídos ya están confinados en el tártaro o en el Abismo, esperando el juicio final (2 Pedro 2:4; Judas 6). Todos los demonios, en última instancia, compartirán el mismo destino de Satanás en el fuego eterno.
Todos los que rechazan a Cristo
Jesús declaró:
“El que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”
— Juan 3:18 (RVR1960)
Quienes mueren sin aceptar el sacrificio expiatorio de Cristo permanecen bajo la ira de Dios:
“El que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”
— Juan 3:36 (NVI)
Pablo escribió que aquellos “que no conocen a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” sufrirán:
“Pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor.”
— 2 Tesalonicenses 1:8‑9 (RVR1960)
Apocalipsis 21:8 enumera categorías específicas:
“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”
— Apocalipsis 21:8 (RVR1960)
Basado en el rechazo, no en la mera ignorancia
Romanos 1:18‑20 deja claro que toda la humanidad tiene suficiente revelación, por medio de la creación y de la conciencia, para quedar “sin excusa”. La ira de Dios se revela contra quienes “detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). Los que nunca han oído el evangelio no son juzgados por rechazar un mensaje que jamás recibieron, sino por rechazar la luz que sí recibieron y por su pecado voluntario contra Dios.
Sin embargo, la Escritura no ofrece apoyo a la idea de que paganos sinceros puedan salvarse aparte de Cristo. Jesús dijo:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.”
— Juan 14:6 (RVR1960)
Y Hechos 4:12 afirma:
“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
— Hechos 4:12 (RVR1960)
6. Grados de castigo en el infierno
Aunque todos en el infierno sufrirán eternamente, la Escritura indica que habrá distintos grados de castigo según el conocimiento y las obras.
Según la luz recibida
Jesús pronunció un juicio más severo sobre las ciudades que vieron sus milagros pero no se arrepintieron:
“Por tanto os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras.”
— Mateo 11:22 (RVR1960)
Y respecto a Capernaum:
“Por tanto os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti.”
— Mateo 11:24 (RVR1960)
En la parábola de los siervos, Jesús enseñó:
“Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco.”
— Lucas 12:47‑48 (RVR1960)
Según las obras cometidas
En el juicio del Gran Trono Blanco:
“Fueron abiertos los libros… y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”
— Apocalipsis 20:12 (RVR1960)
Pablo afirmó que Dios:
“Pagará a cada uno conforme a sus obras.”
— Romanos 2:6 (RVR1960)
Esto no significa que las obras salven a alguien, sino que el grado de castigo corresponderá a la magnitud de la maldad de cada uno. Mayor conocimiento trae mayor responsabilidad; pecados más atroces merecen un castigo más severo que transgresiones menores.
7. Falsas concepciones del infierno refutadas
A lo largo de la historia de la iglesia, diversos errores han intentado suavizar o negar la doctrina bíblica del infierno.
Universalismo
El universalismo enseña que todas las personas finalmente serán salvas. Sus defensores citan versículos como Juan 12:32 (“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”) y 1 Timoteo 2:4 (“Dios… quiere que todos los hombres sean salvos”). Sin embargo, estos pasajes expresan el deseo de Dios y la provisión de salvación, no una garantía de salvación universal.
Las propias palabras de Jesús refutan el universalismo:
“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.”
— Mateo 25:46 (RVR1960)
Él advirtió que el camino que lleva a la perdición es ancho y:
“Muchos son los que entran por ella.”
— Mateo 7:13 (RVR1960)
Si todos fueran salvos, las reiteradas advertencias de Cristo sobre el infierno serían engañosas e innecesarias.
Aniquilacionismo (inmortalidad condicional)
Esta postura sostiene que los impíos finalmente dejarán de existir en lugar de sufrir eternamente. Los aniquilacionistas argumentan que “eterno” describe la permanencia de la extinción, no la duración del sufrimiento.
No obstante, Apocalipsis 14:11 declara explícitamente:
“El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche.”
— Apocalipsis 14:11 (RVR1960)
La falta de reposo implica conciencia. Además, si “castigo eterno” en Mateo 25:46 significara un castigo temporal seguido de aniquilación, entonces “vida eterna” tendría que significar vida temporal seguida de extinción, lo cual es una interpretación imposible.
El lenguaje bíblico describe consistentemente un tormento consciente y continuo. Jesús habló de un lugar “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:48): sufrimiento continuo, no un momento de dolor seguido de la nada.
Purgatorio
La teología católica romana enseña el purgatorio como un estado intermedio donde los cristianos son purificados antes de entrar al cielo. Sin embargo, esta doctrina no tiene apoyo bíblico. Hebreos 9:27 enseña:
“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
— Hebreos 9:27 (RVR1960)
No dice: muerte, purgatorio y luego juicio.
Además, el sacrificio de Cristo fue completo:
“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
— Hebreos 10:14 (RVR1960)
No se requiere ninguna purificación adicional. El ladrón en la cruz fue inmediatamente al paraíso con Jesús (Lucas 23:43), no al purgatorio.
8. La justicia y la necesidad del infierno
Muchos objetan que el infierno es incompatible con un Dios de amor. Sin embargo, el infierno manifiesta tanto la justicia de Dios como la seriedad del pecado.
Ofensa infinita requiere castigo infinito
El pecado no es simplemente una ofensa finita contra seres finitos; es rebelión contra un Dios infinitamente santo. La gravedad de cualquier crimen se mide por la dignidad de la persona ofendida. Dado que Dios es infinito en santidad y valor, el pecado contra Él merece un castigo infinito.
Como argumentó Jonathan Edwards, mientras más terrible y temible es el juicio, más resplandece la justicia de Dios. El infierno vindica la majestad de Dios que los impíos se negaron a honrar en vida.
Dios no “manda” gente al infierno
C. S. Lewis observó que los pecadores pasan su vida diciéndole a Dios: “Vete y déjame en paz”. El infierno es Dios diciéndoles finalmente: “Hágase tu voluntad”. Las personas eligen el infierno al rechazar a Cristo. Dios provee todo lo necesario para escapar, por medio de la muerte de Cristo en la cruz. Él:
“Es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”
— 2 Pedro 3:9 (RVR1960)
El infierno fue “preparado para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41), no para los seres humanos. Pero quienes se alían con Satanás mediante la incredulidad comparten su destino. Dios no obliga a nadie a ir al infierno; las personas lo eligen al rechazar su oferta de salvación.
El infierno preserva el cielo
Sin una separación eterna entre el mal y el bien, no podría existir un cielo eterno. El mal es contagioso y debe ser aislado. Jesús enseñó que al final los falsos creyentes serán separados de los verdaderos, como la cizaña del trigo (Mateo 13:24‑30); de lo contrario, la cizaña ahogaría al trigo. El infierno preserva la pureza y el gozo del cielo al eliminar para siempre toda maldad.
9. Implicaciones prácticas
La doctrina del infierno tiene profundas implicaciones para nuestra vida diaria.
Urgencia en la evangelización
Si el infierno es real y eterno, la Gran Comisión adquiere una importancia suprema. La pasión de Pablo por alcanzar a los no alcanzados (Romanos 15:20) y el martirio de los apóstoles sólo tienen sentido si los perdidos realmente enfrentan un castigo eterno. El infierno debe impulsarnos a “persuadir a los hombres” (2 Corintios 5:11) y a compartir el evangelio con urgencia.
Gratitud por la salvación
Comprender el infierno magnifica la maravilla de la salvación. Merecíamos castigo eterno, pero Dios proveyó una vía de escape por medio de la muerte sustitutoria de Cristo. La cruz muestra tanto el horror del pecado (que requirió un sacrificio así) como la grandeza del amor de Dios (que ofreció tal Salvador).
Seriedad del pecado
El infierno revela cuán en serio toma Dios el pecado. Nosotros tendemos a tratar el pecado con ligereza, pero la santidad de Dios exige justicia perfecta. El infierno muestra que todo pecado, por “pequeño” que parezca a nuestros ojos, es una ofensa contra una santidad infinita y merece juicio.
Motivación para una vida santa
Jesús usó la realidad del infierno como motivación para una santidad radical:
“Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno.”
— Marcos 9:47 (RVR1960)
La realidad de consecuencias eternas debe impulsarnos a buscar la justicia y huir del pecado.
10. Conclusión
El infierno es la doctrina más solemne de la Escritura: un lugar de castigo eterno y consciente en fuego, donde los impíos sufren en completa separación de la misericordia y la bendición de Dios. Fue preparado para Satanás y sus ángeles caídos, pero todos los que rechacen la salvación en Cristo compartirán ese destino terrible.
La doctrina del infierno no es una mitología cruel, sino verdad revelada en la Palabra de Dios. Jesús mismo habló de ella más que nadie, usando el lenguaje más vívido posible para advertir a las personas de su horror. Los apóstoles la afirmaron, y Apocalipsis la describe con detalle.
El infierno manifiesta la justicia perfecta de Dios, la infinita gravedad del pecado contra un Dios infinitamente santo, y la necesidad del sacrificio expiatorio de Cristo. También revela la misericordia de Dios: Él ha hecho todo lo posible, sin violentar la libertad humana, para ofrecer salvación por medio de su Hijo.
La existencia del infierno hace que el evangelio sea a la vez urgente y precioso. Los que confían en Cristo jamás verán ese lugar de tormento, porque Jesús llevó la ira de Dios en su lugar. Pero quienes rechazan a Cristo:
“Ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.”
— Hebreos 10:26‑27 (RVR1960)
Lo más amoroso que podemos hacer es advertir a las personas acerca del infierno y señalarles el único camino de escape: Jesucristo, quien dijo:
“Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.”
— Juan 11:25 (RVR1960)
El infierno es real, pero también lo es la oferta de salvación de Dios para todos los que crean.
Preguntas frecuentes (FAQ)
P: ¿Cómo puede un Dios de amor mandar personas al infierno?
Dios no “manda” personas al infierno; ellas mismas lo eligen al rechazar su oferta de salvación. Dios ha provisto todo lo necesario para escapar mediante la muerte de Cristo en la cruz. Él:
“Quiere que todos los hombres sean salvos.”
— 1 Timoteo 2:4 (RVR1960)
Y es:
“Paciente… no queriendo que ninguno perezca.”
— 2 Pedro 3:9 (RVR1960)
El infierno fue preparado originalmente sólo para Satanás y los ángeles caídos (Mateo 25:41). Los que llegan allí lo hacen por escoger la rebelión contra Dios en lugar de aceptar su generosa oferta de perdón. El infierno es Dios diciendo finalmente “hágase tu voluntad” a quienes pasaron su vida rechazándolo.
P: ¿Sufrirán realmente las personas de manera consciente para siempre en el infierno?
Sí. La Escritura describe de forma consistente un sufrimiento eterno y consciente en el infierno. Jesús habló de un lugar:
“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga.”
— Marcos 9:48 (RVR1960)
Apocalipsis 14:11 declara:
“El humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche.”
— Apocalipsis 14:11 (RVR1960)
El hombre rico de Lucas 16 estaba totalmente consciente: podía hablar, recordar y experimentar una gran agonía. La misma palabra griega (aiōnios) que se usa para “vida eterna” se utiliza para “castigo eterno” (Mateo 25:46). Si uno es verdaderamente eterno, el otro también lo es.
P: ¿Pueden las personas en el infierno escapar alguna vez o recibir una segunda oportunidad?
No. Hebreos 9:27 enseña:
“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.”
— Hebreos 9:27 (RVR1960)
En Lucas 16:26, Abraham le dijo al hombre rico:
“Entre nosotros y vosotros hay un gran abismo fijado, de manera que… no pueden.”
— Lucas 16:26 (RVR1960)
La muerte fija definitivamente el destino eterno de cada persona. No hay purgatorio, ni segunda oportunidad, ni conversión después de la muerte. El tiempo para responder al evangelio es en esta vida (2 Corintios 6:2).
P: ¿Qué pasa con las personas que nunca oyeron hablar de Jesús?
Romanos 1:18‑20 enseña que todas las personas tienen suficiente revelación, por medio de la creación y de la conciencia, para saber que Dios existe y que son responsables ante Él, quedando “sin excusa”. Las personas son juzgadas según la luz que recibieron. Sin embargo, la Escritura no ofrece esperanza de salvación aparte de Cristo. Él dijo:
“Nadie viene al Padre, sino por mí.”
— Juan 14:6 (RVR1960)
Y Hechos 4:12 declara:
“En ningún otro hay salvación.”
— Hechos 4:12 (RVR1960)
Esto hace que la evangelización y las misiones sean de importancia crítica, ya que las personas están perdidas sin el mensaje del evangelio.
P: ¿Todos en el infierno sufrirán el mismo castigo?
No. La Escritura indica grados de castigo según el conocimiento y las obras. Jesús dijo que en el día del juicio sería “más tolerable” para Sodoma que para Capernaum (Mateo 11:24). Enseñó que el siervo que conoció la voluntad de su señor pero no la hizo recibiría “muchos azotes”, mientras que el que no la conoció recibiría “pocos” (Lucas 12:47‑48).
En el Gran Trono Blanco, las personas son juzgadas:
“Según sus obras.”
— Apocalipsis 20:12 (RVR1960)
Aunque todos en el infierno sufrirán eternamente, la intensidad del castigo corresponderá a la magnitud de su pecado y a la luz que rechazaron.
Preguntas Frecuentes
¿Cómo puede un Dios de amor mandar personas al infierno?
¿Sufrirán realmente las personas de manera consciente para siempre en el infierno?
¿Pueden las personas en el infierno escapar alguna vez o recibir una segunda oportunidad?
¿Qué pasa con las personas que nunca oyeron hablar de Jesús?
¿Todos en el infierno sufrirán el mismo castigo?
L. A. C.
Teólogo especializado en escatología, comprometido a ayudar a los creyentes a comprender la Palabra profética de Dios.
Artículos Relacionados
¿Es eterno el castigo del infierno?
¿Es eterno el castigo del infierno o solo temporal? Analiza textos bíblicos clave, revisa posturas alternativas y afirma el juicio consciente y eterno.
¿Hay diferentes grados de castigo en el infierno?
Grados de castigo en el infierno: analiza cómo la Biblia y las enseñanzas de Jesús muestran distintos niveles de juicio y responsabilidad eterna.
El Lago de Fuego Explicado
El lago de fuego es el destino eterno final para los injustos. Descubre lo que las Escrituras revelan sobre este lugar de juicio y quiénes serán lanzados allí.
Aniquilacionismo examinado y refutado
Aniquilacionismo examinado y refutado a la luz de la Biblia, mostrando por qué falla la inmortalidad condicional y el infierno es castigo consciente eterno.