¿Qué haremos en el cielo?
1. Introducción
“¿Qué haremos en el cielo?” es una de las preguntas más comunes —y más importantes— en el estudio de la escatología bíblica. La Escritura no presenta el cielo como una existencia pasiva e interminable sobre nubes, sino como una vida vibrante, centrada en Dios, de adoración, servicio, aprendizaje, comunión y gozo en la nueva tierra y en la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21–22).
Este artículo presenta una visión general de las principales actividades y propósitos de los creyentes en el cielo, tal como la Biblia los describe, especialmente en el estado eterno. Nuestro enfoque no es cómo ir al cielo, ni el detalle de las líneas de tiempo proféticas, sino estrictamente qué harán en realidad para siempre los redimidos.
2. Ver y Adorar a Dios
2.1 La actividad central: contemplar a Dios
La “ocupación” principal de los creyentes en el cielo será ver y disfrutar a Dios mismo. La Escritura presenta esto como el corazón de la vida eterna:
“Y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.”
— Apocalipsis 22:4
“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”
— Mateo 5:8
Esta visión directa de Dios —a menudo llamada la visión beatífica— no es un evento breve, sino una experiencia continua y siempre creciente. Como Dios es infinito, las criaturas finitas pueden pasar la eternidad conociéndolo más plenamente sin agotar jamás su gloria (1 Corintios 13:12).
2.2 La adoración como forma de vida

El cielo se describe con frecuencia en escenas de adoración:
“Y no cesaban día y noche de decir:
Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso,
el que era, el que es y el que ha de venir.”
— Apocalipsis 4:8
“Al que está sentado en el trono, y al Cordero,
sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos.”
— Apocalipsis 5:13
Pero esta adoración no se limita a cantar en una “reunión”. En el estado eterno, toda actividad se convierte en adoración, porque la presencia de Dios lo llena todo (Ap 21:3, 22). La distinción entre “sagrado” y “secular” desaparece; todo lo que los creyentes hagan será una expresión consciente y gozosa de amor y adoración al Dios trino.
2.3 Alabanza congregacional y cántico
La Escritura menciona específicamente el canto como una actividad constante en el cielo:
“Tenían las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero.”
— Apocalipsis 15:2–3
“Y cantaban un cántico nuevo delante del trono.”
— Apocalipsis 14:3
La adoración celestial incluye:
- alabanza unida al Cordero por su obra redentora (Ap 5:9–10)
- alabanza de respuesta a la justicia y la verdad de Dios (Ap 19:1–2)
- celebración gozosa del cumplimiento de los propósitos de salvación (Ap 7:9–12)
Lo que haremos en el cielo comienza, y se sostiene para siempre, al ver y adorar a Dios mismo.
3. Servir y Reinar con Cristo
3.1 Servicio eterno
Los creyentes no estarán ociosos en la eternidad. Apocalipsis resume nuestra actividad de esta manera:
“Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán.”
— Apocalipsis 22:3
El verbo “servir” aquí (griego latreuō) normalmente se refiere a servicio sacerdotal o del templo —ministerio centrado en Dios, no trabajo pesado sin sentido. En el reino eterno, todo servicio será:
- santo (totalmente consagrado a Dios)
- gozoso (sin frustración, sin fatiga)
- puro (sin mezcla de motivos egoístas)
Nuestro servicio será adoración, y nuestro trabajo será nuestro deleite.
3.2 Reinar por los siglos de los siglos
La vida eterna también incluye un verdadero gobierno bajo Cristo:
“Y reinarán por los siglos de los siglos.”
— Apocalipsis 22:5
Antes, a Juan se le dice acerca de los creyentes:
“Y los has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra.”
— Apocalipsis 5:10
En el Milenio los creyentes reinan con Cristo en su reino mediatorial (Ap 20:4–6). En el estado eterno, esta función real continúa de forma perfeccionada como parte del único trono eterno:
“Y el trono de Dios y del Cordero estará en ella.”
— Apocalipsis 22:3
Aunque la Escritura no da detalles exhaustivos, implica:
- estructuras de gobierno reales en la creación renovada (Ap 21:24–26)
- responsabilidades reales, acordes con las capacidades que Cristo concede a cada creyente
- diversidad real de funciones, probablemente relacionada con la fidelidad en esta vida (cf. Lucas 19:17–19; 1 Corintios 3:14)
El destino eterno no es estático; es participación activa en el gobierno justo de Dios sobre un universo restaurado.
3.3 Ministerio sacerdotal
Los creyentes en el cielo también son descritos como sacerdotes:
“Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo.”
— Apocalipsis 7:15
“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre.”
— Apocalipsis 1:5–6
La actividad sacerdotal en el cielo incluye:
- acceso directo a la presencia de Dios
- mediar su alabanza y su gloria en toda la creación
- representar la creación delante de Dios en adoración agradecida
Así, lo que haremos en el cielo combina administración real y devoción sacerdotal en perfecta armonía.
4. Comunión y Comunidad en el Cielo
4.1 Comunión perfeccionada con todos los redimidos
El cielo no solo es centrado en Dios; es profundamente relacional. Los creyentes disfrutarán de comunión perfecta con todo el pueblo de Dios:
“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial… a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos… y a los espíritus de los justos hechos perfectos.”
— Hebreos 12:22–23
Elementos clave de la comunión celestial:
- reconocimiento de otros creyentes (cf. los discípulos reconociendo a Moisés y Elías en Mateo 17:1–4)
- ausencia de pecado que rompa las relaciones (Ap 21:27; 22:3)
- amor perfecto que nunca se enfría ni se rompe (1 Corintios 13:8–13)
Cada redimido de toda edad y nación será parte de “una gran multitud, la cual nadie podía contar” (Ap 7:9), unida en amor a Cristo y unos a otros.
4.2 Vida comunitaria en la Nueva Jerusalén
La Nueva Jerusalén se describe como una ciudad real y habitada (Ap 21:2–3, 10–27; 22:1–5). Una ciudad implica:
- interacción
- cooperación
- celebraciones compartidas
- vida cultural y comunitaria
“Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.”
— Apocalipsis 21:24
El hecho de que “traigan su gloria” a la ciudad sugiere que lo mejor de la cultura humana, purificada del pecado, será recibido en el orden eterno —arte, belleza, música, artesanía— de maneras que honran al Cordero.
4.3 Relaciones restauradas y perfeccionadas
En el cielo habrá:
- nada de celos ni envidia (Ap 22:3–5)
- ninguna relación rota ni malos entendidos
- ninguna necesidad de disculparse o defendernos
Cada relación estará marcada por:
- verdad (sin engaño)
- pureza (sin pecado oculto)
- amor sacrificial modelado en Cristo
La comunión misma —estar con el pueblo de Dios en la presencia de Dios— es una parte central de lo que los creyentes harán en el cielo.
5. Aprendizaje y Crecimiento en el Conocimiento de Dios
5.1 Aprendizaje eterno
Los creyentes serán glorificados, pero no omniscientes. Siempre seremos criaturas finitas ante un Dios infinito. Esto significa que la eternidad implicará un crecimiento continuo en conocimiento:
“Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”
— 1 Corintios 13:12
“Conocer como fui conocido” no significa saber todo lo que Dios sabe, sino conocerlo a Él de manera verdadera y sin distorsión. Como sus riquezas son “insondeables” (Efesios 3:8), el aprendizaje en el cielo nunca termina.
5.2 Instrucción centrada en Cristo
El punto focal de todo aprendizaje celestial es Jesucristo:
“Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”
— 1 Juan 3:2
Ver a Cristo “tal como él es” es un conocimiento transformador; no solo datos, sino un conocimiento relacional del Señor. A lo largo de la eternidad, los creyentes:
- crecerán en comprensión del carácter y las obras de Dios
- explorarán la profundidad de su sabiduría manifestada en la creación y la redención
- entenderán cada vez más las riquezas de su gracia (Efesios 2:7)
5.3 Aprender de las obras y la Palabra de Dios
La Escritura insinúa que el pueblo de Dios seguirá meditando en su Palabra y aprendiendo de sus obras pasadas:
- el árbol de la vida y el río de agua de vida miran hacia atrás al Génesis y hacia adelante al plan consumado de Dios (Ap 22:1–2)
- la misma arquitectura de la Nueva Jerusalén recuerda a Israel y a los apóstoles (Ap 21:12–14), incorporando la historia redentora de Dios en el entorno eterno
Los creyentes estudiarán, recordarán y se gozarán en cómo el plan de Dios, desde la creación hasta la consumación, glorificó a su Hijo. En el cielo, la teología será comprensión adoradora, no debate abstracto.
6. Descanso, Gozo y Vida Cotidiana en el Cielo
6.1 Verdadero descanso sin pasividad
El cielo se describe como un lugar de descanso:
“Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor… descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen.”
— Apocalipsis 14:13
“Por tanto, queda un reposo sabático para el pueblo de Dios.”
— Hebreos 4:9
Este descanso no es inactividad, sino el fin del trabajo con fatiga, frustración y resistencia. El trabajo en sí es bueno (Adán trabajaba antes de la Caída), pero en el estado eterno todo trabajo será:
- libre de cansancio
- libre de inutilidad
- libre de oposición
Los creyentes estarán constantemente activos en adoración, servicio, exploración y comunión, pero nunca agotados, aburridos o estresados.
6.2 Gozo y satisfacción ininterrumpidos
El cielo también es el ámbito del gozo pleno y duradero:
“En tu presencia hay plenitud de gozo;
delicias a tu diestra para siempre.”
— Salmo 16:11
“Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor.”
— Apocalipsis 21:4
Todo anhelo humano legítimo —por belleza, significado, pertenencia, seguridad y deleite— será plenamente y correctamente satisfecho en Dios y en sus dones. No habrá:
- culpa ni vergüenza
- decepción ni pérdida
- temor del futuro
6.3 Vida encarnada, cultural y “cotidiana”
La Escritura enseña con claridad que los creyentes tendrán cuerpos glorificados como el de Cristo (Filipenses 3:21; 1 Corintios 15:42–54). El cuerpo resucitado de Jesús podía:
- ser reconocido (Lucas 24:39–40)
- comer (Lucas 24:41–43; Juan 21:12–13)
- interactuar físicamente, pero con nuevas capacidades (Lucas 24:31; Juan 20:19)
En la nueva tierra, esto implica una vida realmente física y encarnada que puede incluir:
- movimiento y desplazamiento (la ciudad tiene una calle principal, Ap 22:2)
- posiblemente comer y celebrar banquetes como expresión de comunión y gozo (cf. Ap 19:9)
- exploración y disfrute de una creación perfectamente renovada
Todas estas actividades “cotidianas” serán expresiones de adoración, servicio y comunión, plenamente integradas en nuestro propósito centrado en Dios.
7. Nuestra Vida Presente a la Luz de Nuestro Futuro Trabajo
Entender qué haremos en el cielo transforma la manera en que vivimos hoy. La Escritura vincula repetidamente nuestra fidelidad presente con nuestras responsabilidades y gozos futuros.
| Actividad futura en el cielo | Llamado presente | Textos clave |
|---|---|---|
| Adorar y ver a Dios | Buscar santidad y devoción de corazón entero | Mateo 5:8; Hebreos 12:14 |
| Servir y reinar | Ser mayordomos fieles ahora | Lucas 19:11–27; 1 Corintios 3:10–15 |
| Aprender de Dios para siempre | Crecer hoy en el conocimiento de Dios | 2 Pedro 3:18; Colosenses 1:9–10 |
| Amar en comunión perfecta | Practicar amor y unidad en la iglesia | Juan 13:34–35; Efesios 4:1–3 |
| Disfrutar descanso y gozo | Soportar el sufrimiento con esperanza | Romanos 8:18; 2 Corintios 4:17–18 |
Como los creyentes pasarán la eternidad sirviendo, aprendiendo, adorando y reinando, esta vida no es inútil; es preparación. Nuestra obediencia presente no gana el cielo, pero sí modela nuestras capacidades y responsabilidades en el reino venidero (cf. 2 Juan 8; Ap 22:12).
8. Conclusión
Según la Escritura, los creyentes en el cielo no vagarán en un éxtasis espiritual indefinido ni se sentarán en inactividad interminable. En los nuevos cielos y nueva tierra, en la Nueva Jerusalén, los redimidos:
- Verán el rostro de Dios y lo adorarán con corazones indivisos
- Le servirán en una obra sacerdotal y gozosa
- Reinarán con Cristo en una administración justa para siempre
- Tendrán comunión con todos los redimidos en amor y unidad perfectos
- Aprenderán y crecerán eternamente en el conocimiento de Dios
- Descansarán y se gozarán en un mundo donde toda huella de la maldición ha desaparecido
Esta es la respuesta bíblica a “¿Qué haremos en el cielo?”: pasaremos la eternidad como hijos e hijas glorificados de Dios, deleitándonos en servir, adorar y reinar con el Cordero en una creación renovada donde “reinarán por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 22:5).
Que este futuro prometido oriente nuestras prioridades hoy, mientras “buscamos las cosas de arriba, donde está Cristo” (Colosenses 3:1–2).
Preguntas Frecuentes (FAQ)
P: ¿Nos aburriremos en el cielo si adoramos a Dios para siempre?
No. La adoración bíblica no es repetición monótona, sino una respuesta siempre nueva a un Dios infinitamente glorioso. Como Dios es infinito, siempre habrá más de su belleza y sabiduría por descubrir. Nuestra adoración incluirá canto, servicio, aprendizaje, gobierno y disfrute de sus dones; actividades que ocuparán plenamente todas nuestras facultades renovadas, sin fatiga ni aburrimiento.
P: ¿Qué trabajos o roles específicos tendremos en el cielo?
La Escritura no ofrece un listado detallado de “oficios”, pero declara claramente que los creyentes servirán a Dios (Ap 22:3) y reinarán con Cristo (Ap 22:5). Esto implica responsabilidades significativas, adecuadas a las capacidades de cada creyente y a su fidelidad en esta vida. Los roles serán variados, reales y gozosos, todos contribuyendo al orden perfecto de la nueva creación bajo el señorío de Cristo.
P: ¿Reconoceremos e interactuaremos con nuestros seres queridos en el cielo?
Sí. La Escritura presenta reconocimiento y memoria conscientes en la vida después de la muerte (por ejemplo, Lucas 16:19–31), y la transfiguración muestra a los discípulos reconociendo a Moisés y Elías (Mateo 17:1–4). En la Nueva Jerusalén, los creyentes de todas las épocas y naciones comparten la vida juntos (Ap 7:9; Heb 12:22–23). Nuestra comunión será más profunda y pura que cualquier relación que hayamos experimentado en la tierra.
P: ¿Seguiremos aprendiendo y creciendo en conocimiento en el cielo?
Sí. Los creyentes serán glorificados, pero no omniscientes. Pasajes como 1 Corintios 13:12 y Efesios 2:7 señalan un crecimiento continuo en la comprensión del carácter, las obras y la gracia de Dios. La eternidad provee el “tiempo” ilimitado que las criaturas finitas necesitan para explorar las riquezas infinitas de Dios sin agotarlas jamás.
P: ¿Qué dice la Biblia acerca de la vida diaria o las actividades en el cielo?
La Biblia muestra a los creyentes en el cielo adorando, sirviendo, reinando, teniendo comunión y disfrutando de las bendiciones de la nueva creación (Ap 21–22). Con cuerpos glorificados como el de Cristo, viviremos una vida encarnada que probablemente incluya movimiento, banquetes, actividad cultural y exploración, todo como actos de adoración. La vida cotidiana en el cielo estará libre de pecado, dolor y maldición, pero será rica en actividad intencional y gozosa, centrada en Dios.
Preguntas Frecuentes
¿Nos aburriremos en el cielo si adoramos a Dios para siempre?
¿Qué trabajos o roles específicos tendremos en el cielo?
¿Reconoceremos e interactuaremos con nuestros seres queridos en el cielo?
¿Seguiremos aprendiendo y creciendo en conocimiento en el cielo?
¿Qué dice la Biblia acerca de la vida diaria o las actividades en el cielo?
L. A. C.
Teólogo especializado en escatología, comprometido a ayudar a los creyentes a comprender la Palabra profética de Dios.
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